
Hoy vivimos en un constante escaparate. Las redes sociales (Instagram, TikTok, BeReal) nos incitan a mostrar una versión idealizada de nosotros mismos. Sin embargo, paradójicamente, cuanto más conectados digitalmente estamos, mayor es el riesgo de sentirnos solos. La búsqueda de Dios, que tradicionalmente se realiza en silencio y en soledad, hoy debe enfrentarse al ruido de las notificaciones.
El Génesis nos dice que el hombre fue creado a "imagen de Dios". En las redes sociales, el hombre intenta crear una imagen a su semejanza, pero a menudo es una imagen parcial, filtrada y sujeta al juicio de los "me gusta".
Las redes sociales no son solo lugares de distracción, sino que pueden convertirse en nuevos "púlpitos".
La etimología de la palabra «persona» sugiere una máscara teatral. En las redes sociales, usamos máscaras. El desafío religioso actual es la transición del perfil (estático, perfecto, falso) a la persona (dinámica, frágil, real). Reconocer nuestra propia fragilidad «fuera de línea» es el primer paso para encontrarnos con Dios, quien se manifiesta precisamente en nuestras debilidades, no en nuestros éxitos idealizados.
El verdadero desafío no es demonizar las redes sociales, sino usarlas como puentes, no como muros. Más allá de la pantalla, hay un mundo que espera ser descubierto con nuevos ojos. La búsqueda de Dios en la era de las redes sociales comienza cuando aprendemos a apagar la luz de la pantalla y encender la luz de nuestra conciencia.
Vídeos recomendados