
Durante mucho tiempo se creyó que la ciencia y la religión estaban inmersas en una lucha eterna: por un lado, el frío cálculo cosmológico del Big Bang; por otro, la narrativa poética del Génesis. Sin embargo, para la teología moderna y muchos científicos, estas dos visiones no son enemigas, sino que responden a preguntas diferentes: la ciencia se ocupa del "cómo" del universo, la fe del "por qué".
Curiosamente, la teoría del Big Bang fue formulada por primera vez por un sacerdote católico y físico belga, Georges Lemaître .
Interpretar el Génesis como un libro de texto científico es un error exegético. La historia de los "siete días" es un poema simbólico escrito para un pueblo antiguo.
La Iglesia Católica (desde Pío XII hasta el Papa Francisco) sostiene que la evolución no está en conflicto con la creación. Dios no es un "mago" con una varita mágica, sino el fundamento de las leyes de la naturaleza que permiten que la vida evolucione.
Estamos hechos de átomos forjados en las estrellas (ciencia) y somos portadores del anhelo de lo infinito (fe). La ciencia y la fe son como dos alas que permiten a la razón humana elevarse hacia la verdad. No hay necesidad de elegir entre el laboratorio y la oración.
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